Cabalgata de Reyes

La cabalgata de este año me ha hecho reflexionar sobre algunos recuerdos personales sobre dicho encuentro anual con los Reyes Magos y la importancia de que los ayudantes de sus Majestades de Oriente sean al menos creibles. Hoy ya veis que voy a hablar de cabalgatas, no precisamente de la cabalgada de Málaga sino de todas en general y si, también de sus Majestades.

Los mismos niños entienden a partir de edades tempranas que los Reyes Magos necesitan ayudantes para conseguir estar presentes en tantas ciudades al mismo tiempo. Este entendimiento se convierte en certeza cuando ven que alguno de los Reyes que visitan su colegio se parece que ni calcado a alguno de los padres de sus compañeros por muchas barbas y trajes reales que se pongan. Esto no es malo, ¿verdad? Los Reyes Magos necesitan ayudantes.

El problema viene cuando los ayudantes de sus Majestades no son creibles. Tienen el privilegio de subirse a las carrozas reales por el simple hecho de formar parte de las cofradías de su ciudad o de los medios de comunicación, pero luego ejercen como meros «disparadores» de caramelos (este año en Málaga los diaparaban con ganas).

En las cercanías de las Navidades de 1997 el director de Diario Sur, José Antonio Frías, le preguntaba a mi padre, en aquel entonces jefe de sección del citado periódico si quería ser Rey Mago (el Rey Melchor) en la cabalgata de Málaga. Mi padre aceptó sin duda ilusionado. Ilusión que transmitió en la búsqueda de sus pajes, en la hora y pico de maquillaje previa a la cabalgata e incluso en las largas horas de recorrido. Se le veía pletórico, lleno de ilusión y me atrevo a decir que convencido que el era Melchor, no un ayudante sino el mismo Rey que guiado por una estrella consiguió llegar hasta Belén y postrarse ante el Mesias.

En ocasiones hecho mucho en falta esta ilusión (permitidme la comparación al tratarse de mi padre) en los Reyes de las cabalgatas de nuestros pueblos y ciudades. La Navidad, el nacimiento de Jesús, única razón de las fiestas que acaban de terminar, estan tan popularizadas que pierden en muchas ocasiones su sentido más profundo, el sentido cristiano. Cualquiera no puede ser Rey Mago y creo que hay que elegir a personas convencidas de la tarea que ofrecen a su localidad.

Mención aparte merece el repetitivo error de elegir a un Baltasar blanco (en Málaga este año ha ocurrido). Que me perdonen las empresas fabricantes de maquillajes, pero en una ciudad cosmopolita como Málaga (en cualquiera) vivimos ciudadanos de muchas nacionalidades, razas y colores, y no creo que sea dificil elegir a un Rey negro, de verdad.

Pienso que lo mejor de todo es que este escrito lo ha redactado un adulto. Los niños, desde su inocencia, no captaron si los Reyes mostraron ilusión o incluso si el negro era blanco. Ellos disfrutaron con el nudo en el estómago de la larga noche de Reyes que les esperaba pasar antes de ver si los Reyes Magos, que sí que existen, les habían traído los regalos pedido en sus cartas.

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