Colegio Los Olivos

Cuando haces unos meses escribí un artículo dedicado a los años que pasé en el Colegio El Divino Pastor (léelo si te apetece pulsando aquí) prometí que también dedicaría un artículo haciendo referencia a aquellos docentes que en estudios superiores habían marcado mi yo docente. Quiero con esta entrada contar mis experiencias en el Colegio Los Olivos donde estudié los ya también desaparecidos estudios de Bachillerato Unificado Polivalente (BUP) y el Curso de Orientación Universitaria (COU). El cambio reconozco que lo recuerdo complicado. De pasarme 9 años en un colegio al que podía ir andando y al que logicamente le tenía ya cogido la medida, a verme metido en unos apretadísimos y madrugadores horarios de autobús por vivir lejos… pero a casi todo se acostumbra uno.

En mi memoria están D. Emilio Lasarte, el profesor que definitivamente terminaría por definir mi pasión por las ciencias y por la docencia. Toda una institución en el centro, el docente puro… cercano cuando tenía que serlo, distante cuando el asunto así lo aconsejaba, con fama de estricto a la hora de calificar… pero a mi siempre me gustó. Con él aprendí muchas cosas más que matemáticas o química. De D. José Luis de Miguel, que sólo me dió física porque yo elegí dibujo en vez de electricidad, recuerdo sus impecables pizarras y su gran voluntad para atender mis dudas al realizar un ejercicio práctico. Me resultaba fácil asimilar la materia con él.

Del P. Miguel Hernández al igual que del P. Pablo Mayo recuerdo la dulzura para enseñar. Eran clases de auténtica relajación educativa. Con esto no quiero decir que no se aprendiese, que no fuese necesario preparar sus materias, pero es verdad que a ratos se apetecía una hora con este estilo educativo. Del P. Pablo Mayo recuerdo también los días de laboratorio… donde nos enseñaba minerales (de verdad) o bien las sesiones de diapositivas de su propia cosecha que eran realmente interesantes. Siguiendo con los sacerdotes agustinos que me dieron clase no puedo dejar pasar al P. Fermín Fernández Biénzobas… que bien me lo pasé en sus clases de filosofía en 3º de B.U.P. Eran clases de filosofía práctica… y recuerdo que era muy agradable participar y compartir ideas y razonamientos con los demás. Si las clases del P. Fermín eran interesantes, también tenían su aquel las horas de la asignatura de religión a cargo del P. Eduardo Zaragüeta. En el apartado curiosa era uno de los pocos sacerdotes que vestía los hábitos propios de la orden… en el apartado docente recuerdo que aprendí mucho sobre las principales religiones del planeta y sus diferencias… me queda de aquellas clases un sabor bastante ecuménico.

Capítulo aparte merece para mi el P. Juan Agustín Fernández. Fue mi profesor de dibujo durante 5 años y reconozco que llegué a tener una agradable relación profesor/alumno con él. No niego que en 1º de B.U.P. yo también era receloso a, por ejemplo, preguntarle una duda. Cuando en 2º con la asignatura ya elegida de forma optativa vencí recelo y timidez, descubrí a un gran docente y a un gran sacerdote. Docente por su amabilidad y sus deseos de enseñar… sacerdote por el amor, a su manera, que ponía en su trabajo y que daba a sus alumnos. Aprendí a agudizar la vista y distinguir 1 milímetro sin regla, a unir colores, a comprender que la asimetría también es bonita o que un simple bolígrafo puede ser una magnifica herramienta al servicio de la creatividad.

Otra institución fue sin duda D. Antonio Muñoz, profesor de varias generaciones de estudiantes del colegio (mi padre también fue alumno suyo). De él, que me dió filosofía en COU, recuerdo 2 exposiciones que nada más oirlas hice mías. La primera hace referencia a la amistad. Decía D. Antonio: «Al conocido, respeto; Al compañero, comprensión; Al amigo, todo» (genial). La segunda sobre su profesionalidad docente a la hora de vigilar un examen. Reconocía que como alumno incluso pueda ser que alguna vez hubiese copiado, que como persona no le importaría dejarnos copiar por solidaridad o compañerismo con el alumno que él una vez fue, pero aseveraba que su profesionalidad como docente le obligaba a retirar el examen e invitar a salir a todo alumno que pillase copiando o pasando información (nuevamente genial). Mis propios alumnos me han oido esta frase en muchas ocasiones, por supuesto haciendo referencia a la fuente.

Al igual que me ocurrió con el escrito sobre El Divino Pastor, mi memoria reconozco que no es generosa y está dejando fuera de esta lista a otros profesores que también lo fueron míos y de los que tengo el vago recuerdo de verlos en las fotos de la revista que editaba el colegio al final de cada curso. Lo siento.

Promesa cumplida. Gracias, muchas gracias a todos.
¿Te ha gustado? Compártelo... Share on Facebook
Facebook
Tweet about this on Twitter
Twitter
Share on LinkedIn
Linkedin
Digg this
Digg
Email this to someone
email

Una respuesta a «Colegio Los Olivos»

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.