El cabrón ha muerto

Aunque pueda parecer curioso, hoy me apetece hablar de la muerte. Esa que a todos nos llegará algún día y que no pone a cada uno en su sitio (luego me explico). La misma que ha creado mitos, héroes para la historia… la misma que nos deja a todos con la incógnita del que habrá después de ella. Algo que me sorprende de ese «delicado momento» (parafraseo a Joaquín Sabina), es el trato que la sociedad hace de sus fallecidos.

A la hora de morirse los que pierden siempre son los buenos. Cuanto más bueno hayas sido  en tu vida más perderás desde el mismo instante en que dejes de existir en esta dimensión. Y es que los malos se mueren y se produce una especie de amnesia colectiva que nos impide decir que fue malo. Los malos han podido hacer todas las fechorías del mundo… ser malos hasta el cansancio. Malos padres, malas esposas, malos hijos, malas personas pero en su velatorio se oirán los típicos «que pena, tenía buen corazón, cuanto os quiso, que bueno era».

ParcaVamos a ver. Si una persona fue mala en vida, el día que se muera habrá que decir que fue mala, que hizo esto o aquello mal. O al menos disimular sin ponerle medallas que no se ganó. Más que por el muerto malo por los buenos… que al final terminan siendo medidos por la misma vara.

Es como si en el colegio te pusiesen la mejor nota, haciendo un examen perfecto o no contestando ni media pregunta. No es justo… al pan, pan y al vino, vino. Supongo que esta negación de la maldad será un acto de pena o fruto de la condición humana pero intentemos llamar las cosas por su nombre o no llamarlas, pero los buenos que sigan siendo buenos y los malos, malos.

¿Te ha gustado? Compártelo... Share on Facebook
Facebook
Tweet about this on Twitter
Twitter
Share on LinkedIn
Linkedin
Digg this
Digg
Email this to someone
email

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.