El gordito y el tontito en el colegio de los «listillos»

Cada vez tengo mayor certeza de que el ser humano se ha estancado. La evolución llego al homo sapiens que consiguió jugar mejor sus cartas y subsistió a sus predecesores pero lleva años estancado. Uno de los signos de ese estancamiento sigue siendo el desigual tratamiento que los niños reciben en el colegio por parte de sus propios compañeros.

«Si te unes con fulanita no juegas con nosotras», «al gordito lo ponemos de portero que corre poco», «vamos a reírnos de menganito que está atontao», «gafita cuatro ojos»… estas frases podrían ser de hace 40 años como de ayer mismo. Y he puesto las que supuestamente son suavitas para que no incluyáis mi artículo en otro más sobre el bullying aunque realmente lo sea.

Violencia escolarAlgunos me diréis que son cosas de niños… no, no, no caigáis en la tentación de justificar algo por el simple hecho de que lo hacen niños. Ese niño que se dedica a aleccionar o amedrentar al resto muy probablemente no ha recibido una educación adecuada de sus padres. En el colegio se enseña y en casa se educa. Si el niño no sabe matemáticas parte de la culpa la puede tener el colegio, el profesor. Pero si el niño no se comporta correctamente en sociedad es culpa de sus padres que no le han educado.

Esa violencia psicológica, o incluso física, no sólo hace mal a sus compañeros, también hace mal a nuestra sociedad. Si permitimos que hoy nuestros hijos de corta edad hagan suyas las frases que he puesto más arriba, mañana cuando sean mayores seguirán haciendo lo mismo en su comunidad de vecinos, sus trabajos o en su vida familiar. La violencia genera violencia.

Los colegios deben promover la tolerancia cero ante este tipo de actuaciones violentas, racistas o sexistas. Estas acciones deben tener consecuencias y no se puede dejar ni un sólo caso sin esa consecuencia. Déjalo una semana sin recreo y a la siguiente se lo piensa…

Dejar sin consecuencia estas acciones es igual que si a un trabajador le pagaran su salario a final de mes sin haber ido a trabajar. Si vuestro jefe o cliente os paga aún cuando no cumpláis con la obligación pactada, ¿Iríais a trabajar? Las consecuencias de no ir a trabajar llevan a no cobrar el salario e incluso al despido… los niños también deben tener las suyas dentro de su proceso educativo.

La sociedad del futuro la construimos entre todos en el presente, ahora. Eduquemos en valores a los más pequeños para conseguir una mejor sociedad cuando se hagan mayores.

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Una respuesta a «El gordito y el tontito en el colegio de los «listillos»»

  1. La sociedad del futuro la construimos entre todos. Sin duda. Así que… ¿cuál es la sociedad que queremos construir?

    Hay que caer para aprender a levantarse. Hay que sufrir para superar retos. Hay que fallar para aprender. Lo que no te duele no te mejora, y no es posible aprender conceptos como la superación y el esfuerzo sin cruzar obstáculos.

    ¿quiero que mis hijos vivan en un mundo lleno de violencia, desprecio y segregación? No. Está claro. Pero tampoco quiero que vivan en un mundo plano, fácil, en el que todo es hermoso, todo se resuelve recurriendo a la ayuda de «la sociedad», y nunca hay lágrimas ni heridas. El resultado de crecer en un mundo así es la desmotivación, la falta de capacidad de superación, y la supersensibilidad.

    Cuando yo era niño, fuí el gordito. Y otros fueron el tontito, el gafotas, el enano, el orejón o el tartaja. Y prácticamente todos aprendimos a superarlo. A entender que debes estimarte por lo que tu crees y no por lo que otros te dicen. A ignorar las palabras y hechos que importaban poco… y en ocasiones a levantarnos y devolver los golpes cuando tocaba. A no solo desear el respeto de los demás si no también a ganárnoslo. A distinguir cuando se puede ignorar, cuando es mejor huir, cuando hace falta pedir ayuda… y cuando merece la pena plantarse. En ocasiones había chicos muy sensibles que no eran capaces de avanzar por si mismos. En esos casos los adultos entendían que era el momento de actuar. Pero eran la excepción, no la norma. Y a todos nos daban la oportunidad de demostrar que éramos capaces de salir del laberinto por nosotros mismos antes de considerarnos incapaces.

    No quiero que mis hijos crezcan en un ambiente en el que no existen las faltas de respeto, los abusones, y los insultos. Dentro de un orden, pero que existan. Si nunca caen, nunca aprenderán a levantarse. Y más pronto o más tarde todos necesitamos ser capaces de plantarnos ante alguien que se aprovecha de nosotros.

    Es más, cada vez tengo más la sensación de que precisamente esa es la idea de fondo. Los adultos de un mundo en el que todo lo que no es absoluta paz es «bullying» probablemente no sean capaces de plantarse ante la bota que los aplasta. Y siempre habrá abusones dispuestos a aprovecharse de esos borregos que nunca aprendieron a resolver los problemas por si mismos.

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