¿Eres valiente en las redes sociales?

No me canso de repetir que la tecnología nos está dando muchas alegrías. Al principio parecía cosa de cuatro raritos (ahora llamados frikis), pero desde siempre la informática ha pretendido estar orientada a que cualquier usuario sea capaz de utilizarla en su vida cotidiana. Posiblemente esta orientación al usuario no tenga más que un motivo mercantil, si no fuese así nadie se compraría un ordenador para casa ni llevaría un teléfono inteligente en su bolsillo. Las redes sociales, que algún día pasarán de moda y moriran en el olvido al menos tal como las conocemos actualmente, son una de las últimas alegrías. O estas dentro de ellas o empiezas a ser un bicho raro, pero ¿cómo usas las redes sociales? ¿Eres valiente?

Por mi profesión he tenido que responder ciento de veces a la pregunta: ¿qué son las redes sociales? ¿para qué sirven? Y yo siempre he utilizado el simil de la sociedad off-line (fuera de Internet). Las redes sociales basicamente son iguales que nuestras salidas de hace años. Quedábamos los amigos en un bar… hablábamos de nuestras cosas (y de alguna que otra cosa del vecino, léase cotilleo) y si de paso conocías a alguién… pues mira que bien. Si a esto añades un buscador, un album de fotos y cuatro cosas más ya tienes una red social on-line (en Internet).

Vale, ya voy aterrizando.

Cuando nos reunímos fuera de Internet vamos a cara descubierta, se nos puede reconocer aunque sólo sea por eso, por la cara. En Internet podemos ser quienes queramos ser. Si eres bajo, puedes ser alto… si eres feo, guapo… y si te sobrán unos kilos, en la red de redes tienes el peso perfecto y además con un cuerpo de yogurt (por no hacer publicidad gratuita). Si además te cambias el nombre y pones un dibujito en la foto de tu perfil no te conoce ni la madre que te parió (con perdón).

Las redes sociales nos permiten interactuar, opinar e intercambiar opiniones con otros. Para mi este es uno de sus grandes activos aunque no termina de gustarme que algunos las utilicen desde el anonimato. Imaginaros un debate televisivo donde algunos de los contertulios tapan su rostro con un pasamontaña o una simple bolsa. Nos daría mala sensación, igual sus opiniones las pondríamos en duda e incluso cambiaríamos de canal. En las redes sociales leemos a diario muchas opiniones de personas con esta pinta, con la bolsa de plástico cubriéndole la cara.

¿Es valiente opinar así? ¿Merece algún crédito la opinión de un enmascarado? Para mi no. Si jugamos a ser sociales juguemos con las cartas encima de la mesa y sino igual es mejor que cierres tu cuenta, ya que tu opinión muy posiblemente no será tenida en cuenta más allá que por cuatro amigos y familiares «off-line» que saben quien eres.

Puede parecer una chorrada pero esta reflexión no deja de ser un paso hacia el todo vale. Estoy cansado de ver «amigos» de red social que sólo se dedican a compartir imágenes con mensajes en muchos casos con afirmaciones manifiestamente erróneas. Da igual… no existe una regulación y eso nos hace impunes. Esa falta de impunidad hace que las redes sociales sean una gran fuente de falsedades, en ocasiones fruto de la ignorancia humana (el Papa nunca ha cobrado 10 millones de Euros por Misa) y en ocasiones con intención de malear nuestra opinión.

Siempre me ha gustado una buena charla, con un buen café y en buena compañía, y en las redes sociales deseo lo mismo. Respeto por encima de todo la libertad de cada uno a mostrarse como quiera, no pído nada nuevo ni diferente, si gusta así que siga así, pero yo me cuido de los comentarios y opiniones provenientes de personas anónimas. Esto no ha nacido con las redes sociales, lleva ocurriendo desde hace años en, por ejemplo, foros. Entiendo que puede formar parte del juego, pero sobre gustos ya se sabe.

Seré a lo mejor muy tradicional pero me quedo con el dicho popular: «al pan, pan y al vino,vino». Pues eso.

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