¿Te gusta conducir?

Me gustaba. Recuerdo el encanto de las carreteras convencionales y de los barecitos donde se comía bien en proporción al número de camiones que había en su puerta aparcados. Llegaron las autovías y autopistas y se pusieron de moda las áreas de servicio, confortables en la mayoría de los casos pero sin ese toque casero de los antiguos bares. Hasta aquí sólo un poco de nostalgia aún a sabiendas que la seguridad en carretera es lo más importante y con las autovías y autopistas la ganamos a raudales aunque el bocadillo no este tan bueno. Pero si he puesto gustaba en pasado no es por un bocadillo es por el estrés que genera tanto radar suelto. Me voy a explicar.

Los que me conocen saben que siempre he sido un firme defensor del 99,9% de la normativa de tráfico, además de un firme cumplidor (si, soy el que conduce el típico coche que en autovía se mantiene en el carril derecho a sus 120 km/h de máximo mientras el resto del universo lo pasa por el resto de carriles, o el que hace los Stop como manda el código –con detención– aunque se vea que no viene nadie y a espensas de que el coche de detrás me pite con sorna).

Aún así se ha perdido el encanto. Igual en la entradilla me he equivocado echando la culpa a los radares, y la culpa la tiene realmente nuestras chapuceras carreteras. Entramos en una autovía y vemos unas flamantes señales limitando a 120 km/h, pero pocos kilómetros más adelante aparecen unas de 100 km/h, para poco después volver las de 120 km/h, y luego una de 80 km/h y después otra de 120 km/h. En este mareo de cifras está el problema. No te puedes despitar un segundo, no puedes hablar con tus acompañantes, ni hacer caso a la historia que te cuenta tu hija… ¡no!, hay que estar analizando cada señal, porque vas tan feliz a 120 km/h. no te has fijado en la señal de 100 km/h y ¡zas! te pillaron.

¿No es posible hacer carreteras a las que se pueda circular a una velocidad «x» igual? Ejemplo, autopista Málaga-Marbella en una vía preparada de punta a punta para circular a 120 km/h (o a 100 me da igual, pero sin saltos de velocidad a cada nada y menos). En otros paises me aseguran amigos viajeros que las hay.

Otra solución sería, más aún con tanta tecnología, la sanción razonable. Intento explicarlo con un ejemplo:

Vía limitada a 100 km/h; Caso 1: Vehículo que pasa a 150 km/h. Sin lugar a dudas multa más que razonable; Caso 2: Vehículo que pasa a 112 km/h. Guardamos en la base de datos matrícula y velocidad, y creamos una norma de, por ejemplo, si te pillo 3 veces en el mismo mes a poquita más velocidad te sanciono, pero si ha diso un despiste esporádico ahí se queda.Esta solución viene a ser la que se pretende imponer con los radares por tramos, aún creo que habría que mejorarla. Si, además estan los distintos conductores… ya digo, hay que trabajarla.

En lo que llevo de artículo me he metido en varios charcos de los que voy a intentar salir.

1. Las autovías y autopistas son más seguras. Si, eso yo mismo lo he reconocido aún cuando el bocadillo no este tan bueno.

2. El conductor no debe distraerse hablando con los ocupantes. Hombre de acuerdo… pero una conversación relajada y amena yo pienso que es incluso buena (por ejemplo, la mancha todos cayaditos es infumable).

3. Un vehículo a 112 km/h en una vía limitada a 100 km/h es un peligro. Es que nos hemos obsesionado (hemos no, se han) con los excesos de velocidad. La velocidad es culpable directa de sólo un 30% de los accidentes de tráfico. ¿qué hacemos con el otro 70%? ¿qué hacemos con el que conduce bajo los efectos del alcohol? ¿y el qué conduce mientras hablas por teléfono? ¿y el qué se cree Fernando Alonso y va «ziszageando» para adelantar a todo el mundo? ¿y los niños que no van en sillas de retención adecuadas? Las campañitas de 15 días de vigilancia del cinturón, del móvil o de mediciones de alcohol son cuanto menos insuficientes.

4. Es que los accidentes estan en cifras de los años 60. No creo que el fin deba justificar los medios., pero aún así no puedo hacer otra cosa que aplaudir esta importante bajada de la accidentalidad, pero más que nada por aquellos conductores que circulan concienciados de la importancia de una circulación vial segura. La parte de bajada de muertes por el miedo a las sanciones o a la perdida de puntos, Dios quiera que me equivoque, pero terminará revirtiéndose. Con el miedo no se educa ni a pequeños ni a mayores.

No, no me vais a convencer. Ya no me gusta conducir, al menos tanto como antes.

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