La gran mentira de Facebook

Lo reconozco, cada vez me gusta menos Facebook. Me aporta muy poco leer frases simplonas, en muchas ocasiones no dichas por la persona a la que se le atribuye (además de no haber sido contrastada por quien la publica o comparte, ¿para qué?). Me aporta muy poco recibir docenas de peticiones a juegos (si las veinte primeras peticiones no las he aceptado, la veintiuno pensad que es muy probable que tampoco lo haga). Pero sobre todo me aporta muy poco la verdad sesgada de muchas de las publicaciones que a diario leo en mi «timeline».

O todos somos muy felices o algo no cuadra. Mi cronología en Facebook (y he constatado que le ocurre a otros usuarios) se resume en esa verdad a medias que comentaba antes. Si mi hijo es la leche lo publico una y otra vez (aquí hay mucha leche, porque cada hijo para sus padres suele ser eso, de lo mejorcito que ha «pario» madre…), si voy a un restaurante a comer fotito al canto y si me voy de vacaciones, reportaje para todos (yo si y tu no, chincha chincha…).

Quiero decir, usamos las redes sociales única y exclusivamente para dejarles ver a los demás que nos va de lujo en esta vida… y quien se pique, ajos coma. No suelo ver publicaciones del tipo: «Acabo de llegar a casa con un cabreo… mañana voy a mandar a tomar viento a mi jefe como siga tocándome las narices» o «¡Qué falso es mi amigo tal! No coge y me dice que siempre paga él cuando salimos». Jean-Marc ya se que otro ejemplo sería «Me he subido hoy en el ascensor con mi vecina del 8º y cada día me entran más ganas de enseñarle las casas colgantes que hay en Cuenca»… aunque no se si esto es apropiado publicarlo.

Vamos necesitando un psicólogo, ¿Hay alguno cerca?

Es especialmente divertido cuando una pareja que apenas publica nada en Facebook se separa. Desde ese mismo momento empiezan a publicar compulsivamente momentos superfelices (perdón por el super que no me gusta ni me parece correcto usar) contando lo bien que les va. Actividades de todo tipo acompañados con amigos (si son del sexo contrario mejor) entregados a pasar un buen rato. Que si copitas con los amigos, almuerzo con los amigos, playita con los amigos… (o su vida social ha aumentado, o son más felices ahora, o publican para dar en la cara al ex-pariente/a).

La excepción confirma la regla y una buena amiga publicaba hace unas semanas en su perfil de Facebook que su embarazo no había llegado a buen fin (ella con dos ovarios, como siempre).

Me guste más o menos, entiendo que todo entra dentro de lo admisible. Las redes sociales, con Facebook cronológicamente a la cabeza, nacieron como un instrumento más al servicio de los seres humanos y nosotros hacemos de nuestra capa un sayo. Y muy bien que está mientras mi libertad no interfiera en la libertad del otro. Se acabó.

Moraleja 1: Facebook no miente.

Moraleja 2: “Todo hombre [y mujer] es como la luna. Tiene una cara oscura que a nadie enseña” (Mark Twain).

Moreleja 3: Sed felices.

¡Ah! Al cierre de este artículo tengo 298 amigos en Facebook. Por si queréis comprobar la evolución, que con estas entradas siempre pierdo alguno ;-)

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