Málaga, Casa Aranda y mis abuelos

He estado esta tarde tomando un café con churros en Casa Aranda, en la de siempre. Os confieso que no hay una sola vez que vaya a Aranda y no termine con los ojos llenos de lágrimas. Llevo toda una vida, toda mi vida, yendo allí. Y las lágrimas las provocan el recuerdo de mis abuelos esperándonos sentado en una de las mesas en la calle pegados al muro de la cafetería. Es una de tantas imágenes grabadas de mi niñez que desgraciadamente ya son irrepetibles.

Soy malagueño. Llevo los 47 años que tengo viviendo en Málaga. El otro día tras una conversación entre dos malagueños, un santanderino y un tangerino (y no estoy contando un chiste) los dos malagueños nos confesábamos que aquí se vivía mejor que en ningún otro sitio. Ambos llevábamos toda la vida viviendo aquí y queríamos seguir aquí hasta nuestros últimos días. Lo se, no es la primera vez que escribo sobre Málaga La Bella.

Y cuando paseo por Málaga, me encuentro una Málaga actual, moderna, renovada, incluso excesivamente dominada por pudientes franquicias… pero da igual es la misma Málaga que me vio nacer. Ya no somos sólo la Málaga del turismo de sol y playa. Nos hemos dado cuenta que podemos, y debemos, aspirar a más. Porque nuestras calles parieron a personas de la valía de Pablo Ruíz PicassoFernando Guerrero Strachan o Juan Temboury entre otros muchos, además de los malagueños de adopción que los tenemos a decenas.

Esa Catedral, que yo dejaría manquita de por vida. El Paseo del Parque, tan cotidiano pero tan especial, con el burrito Platero en el que muchos niños de diferentes generaciones tenemos nuestra foto. La Plaza de la Merced, punto de encuentro y cultura. La Calle Larios, con diferente asfalto y muchos de los comercios cambiados, pero con el mismo deseo de impresionar de siempre. El Teatro Romano, la Alcazaba y Gibralfaro. La zona portuaria tan bien ganada a la ciudad con el Palmeral de las Sorpresas y en Muelle Uno. No me puedo olvidar de mi querida Calle Lagunillas donde tenían su casa mis abuelos, mi padre y mi tía (fallecida a la edad de 5 años).

No es nostalgia. Es el recuerdo de toda una vida vivida en Málaga, en el paraíso, en mi paraíso. Seguiré paseando por mi ciudad, me seguiré acordando de vosotros, seguiré disfrutando de mi ser y mi sentir malagueño. Que lo cotidiano no nos haga perder el norte, que el día a día no nos haga olvidar de donde somos, que las prisas no nos impidan disfrutar de nuestra ciudad.

Abuelo, abuela… esta entrada me la habéis sugerido vosotros. Es vuestra, os la dedico. Gracias por todo.

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