Miembro de mesa electoral

Cuando ya tienes cierta edad has vivido bastantes procesos electorales pero hasta ahora lo había hecho del lado del ciudadano votante, jamás he faltado a mi derecho a votar. Hace unas semanas me llego notificación de que había sido elegido como miembro de mesa electoral en las elecciones al Parlamento Andaluz celebradas ayer 22 de marzo de 2015. Desde el primer momento me lo planteé como una experiencia vital y como un servicio a mis conciudadanos, que pretendo resumir en esta entrada.

Vivir una jornada electoral «a este lado de la carretera», parafraseando la popular canción del grupo malagueño Danza Invisible, unía a mi primer planteamiento de experiencia la travesía del desierto de pasar un mínimo de 12-14 horas en las tareas que tendría encomendadas.

Manual para los miembros de las mesas electoralesSuena el despertador, es el día. En un país donde la puntualidad suele brillar por su ausencia, llegué al colegio electoral a las 7:50 (habíamos sido citados a las 8:00) y os aseguro que el 95% de las personas convocadas ya estaban allí. Supongo que la advertencia de que la no presencia supone delito ayudó a tal grado de puntualidad británica.

Una vez identificados, abres junto a tus dos compañeros de mesa, un inmenso sobre lleno de formularios de los que has leído hablar en un manual que te han hecho llegar por correo aunque la premura de estar a las 9:00 abiertos hace que el trabajo se acumule. Aún así a las 9:00 estaba la mesa constituida y funcionando.

Domingo frío y lluvioso en Málaga que me hacía pensar que estaríamos solos un buen rato. Error… había personas de toda condición y edad en la puerta esperando a la apertura. El día transcurre sin incidencias pero con un buen número de anédotas.

Una chica de 18 años que vota por primera vez y su madre quiere inmortalizar el momento en una foto para corte de la propia votante. La número 10 de la lista del PSOE por Málaga que igualmente vota e inmortaliza el momento para subirlo a las redes sociales. Ciudadanos que piensan que eres funcionario y te reprochan que no le dejes votar en esa mesa porque su nombre no se encuentra en el censo o hacen libre interpretación de lo que les dices. Ciudadanos que te desean un buen día a sabiendas de que no somos funcionarios y que el azar nos ha puesto allí. Otros que llegan con DNI y sin papeleta o con papeleta pero dan su nombre de viva voz y hay que solicitarles el DNI. Saludos a conocidos, vecinos y amigos que te repiten una y otra vez «te ha tocado» con cara de solidaridad. Mucha curiosidad por los 63 Euros que cobramos en metálico sobre las 2 de la tarde con el colegio lleno de votantes (esta forma de pagar igual habría que mejorarla).

Son sólo pequeñas anécdotas de un día normal, un día por y para los ciudadanos donde el ambiente es cordial. Cordial por encima de todo con los ciudadanos que vienen a votar, pero también con el personal de la junta electoral, del colegio, con la Policía Nacional, los componentes de tu mesa, de las otras mesas, con los interventores y apoderados de los partidos sin importar si su color político coincide o no con el tuyo.

A las 8 de la tarde el cierre del colegio y el recuento público. Ojos que miran que lo que cuentas está bien contado. Un sólo voto nulo por incluir dos papeletas de diferentes formaciones políticas, unos cuantos sobres vacíos (votos en blanco) y un voto con 7 u 8 papeletas de un mismo partido, voto válido de la que sólo se contabilizó lógicamente una.

Independientemente del día vivido es curioso que en la era de Internet todo se siga haciendo a mano. Que el censo se marque con un rotulador fluorescente, que haya que copiar número de censo y nombre completo en otro formulario creado al efecto, que haya que cumplimentar dos o tres veces un mismo formulario para poder ofrecer copias a los interventores y apoderados que los pidan, que la documentación haya que llevarla en persona (de acuerdo que con escolta policial). La misma tecnología de los terminales para el pago con tarjeta que tanto usamos en cualquier comercio sería suficiente para validar si has votado… una simple tablet o un smartphone valdría para enviar datos… supongo que aún hay «miedo» a la tecnología, algún día llegará.

Un domingo atípico, una experiencia.

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