Os echo de menos…

Cuando sueño tengo la facilidad de despertarme en cuanto veo que algo no cuadra, cuando me doy cuenta que estoy en un sueño. Os cuento esto porque anoche soñé con mi abuelo paterno (José), que en paz descanse. Era un sueño muy real, hablábamos no recuerdo sobre que pero en mi cuerpo estaba la sensación de que era un sueño, de que no podría mantener mucho tiempo aquella conversación tan real pero tan imposible.

Intento inculcar a mis hijas que aprovechen cada minuto que la vida les ofrezca con sus abuelos. La ley de la vida marca que ellos serán los primeros en marcharse de este mundo, de esta dimensión y luego se les echa mucho de menos… aún mucho más cuando vas sumando años y más años. Ninguno de mis abuelos vive pero tengo de todos ellos un grato recuerdo y la certeza de que me querían. Conocí a tres, ya que a mi abuelo materno (José también) ni siquiera lo conoció mi madre.

Mi memoria, que Dios me la conserve muchos años, guarda a la perfección el último día que vi a mi abuela paterna (Enriqueta). Corría 1974 y la dejaron salir del hospital para pasar la Noche Buena en casa. En ese momento sólo mis padres sabían que le quedaban pocos días de vida aunque mi mente de niño de 6 años probablemente algo intuía.

Mi abuelo paterno que llegó a vivir en mi casa sus últimos años solía madrugar para dar una vuelta por su casa, en la recuperada Calle Lagunillas, y conseguir el Diario Sur que recibía de forma gratuita al ser jubilado de la casa (privilegio que por cierto hace unos años fue retirado a los actuales jubilados). Cuando aún vivía en su casa, cada noche, durante años, y sin fallar nunca, llamaba a casa para recordar que me tomase una pastilla que me había recetado el oculista no recuerdo para que. En 1986 nos dejó y fue la primera persona en mi vida que vi sin vida.

Mi abuela materna venía por temporadas desde Ceuta con maletas llenas de regalos de lo más variados (comida que en la península aún no se vendía, ropa comprada en los comercios regentados por personas de la India, tecnología que en aquel tiempo allí era muy barata o las magníficas especias que los marroquíes mezclan con un arte sublime). Ahora con la proyección del tiempo, no entiendo como podía tener aquella fortaleza física. Recuerdo que jugaba mucho con nosotros pero siempre pendiente del reloj para que la llegada de mi padre del trabajo no coincidiese con una partida de cartas o de lotería (lo que ahora llamamos bingo)… y no es que a mi padre le importase que jugásemos sino que ella no lo veía bien. En sus últimos años, con sus cualidades físicas y mentales ya disminuidas trabajamos duro para mantenerla en casa y os reconozco que fueron unos años maravillosos, de mucha unidad familiar, y que me ofrecieron una visión diferente de la vida. En 1988 nos dejó.

Son sólo pequeñas pinceladas de mi experiencia vital como mis abuelos… la gran mayoría de mis recuerdos como respetaréis los sigo guardando solo para mí. Me he hinchado de llorar escribiéndolos pero quería hacerlo a modo de homenaje o simplemente para intentar que los demás disfruten de los suyos.

Es una lástima que la ley de la vida no me permita disfrutar ahora de una conversación tranquila con ellos. Confío en ese encuentro tras esta vida, en otro plano, en otra dimensión, en otra forma… os echo de menos.

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