Promotores

Como supongo que sabréis (yo reconozco que tuve que preguntar a mi buen amigo José María Lara, sin duda una personalidad en temas de marketing) un promotor/a es aquella persona que cuando estamos en un centro comercial o simplemente en la calle nos ofrece productos y/o servicios en la mayor parte de los casos de sectores como las telecomunicaciones (Internet, telefonía, etc.) o bancarios (cuentas, tarjetas de crédito, etc.). Vaya por delante que respeto mucho su actividad, tanto a nivel profesional como personal, aunque no me gusta nada que molesten mi día a día.

Seré muy tradicional a la hora de comprar, pero si necesito comprar algo voy y lo compro. Si los grandes supermercados me ponen cerca de las líneas de caja productos de impulso (chicles, chocolatinas, refrescos, helados…) yo voy y no me dejo tentar. No lo hago por nada especial, simplemente no me gusta que me vendan algo que yo, a priori, no quería comprar. Y como veréis en próximas entradas no soy un anti-marketing (McDonalds, por ejemplo, me ha ganado con su marketing, ya os lo cuento otro día), pero si visito un centro comercial, un supermercado o una gran superficie quiero estar tranquilo, como se dice en el lenguaje de la calle «a mi bola»). También tengo que decir que si visito una feria de coches o de informática o de lo que sea, veo normal que me «asalten» promotores, forma parte del juego de asistir a un evento así, pero en el día a día como que no.

¿Y porqué no al promotor de centro comercial o gran superficie? Porque cuando hacen su trabajo a mi me ponen en una doble tesitura. Por un lado tengo claro que no voy a comprar un artículo en stand (llamémosle «manías que tiene uno»), pero por otro me merece tanto respeto una persona que está ganándose su sueldo… me explico, si se me acercase un robot a ofrecerme este o aquel producto le diría un «no» tajante y el robot a lo suyo y yo a lo mío, pero al ser un ser humano, una persona, el que me intenta vender no pudo ser tan mal educado… al final me quedo con el mal sabor de boca del «no» y además mi tranquilidad («a mi bola») se ha visto eclipsada.

Entiendo que esta forma de marketing será rentable pero yo prefiero un correo electrónico atractivo o la carta en papel de toda la vida, a mi por lo menos así me convencen a que compre más, o sino más sí la marca que me ofertan.

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