Spotify, ejemplo del gratis al págame

Hace algunas semanas Spotify avisó que a partir del mes de mayo se vería obligada a reducir de alguna forma los servicios de los usuarios gratuitos de su popular servicio de música por «streaming» (distribución de audio o video por Internet). En las últimas horas hemos sabido que esta reducción se fija en 10 horas mensuales. Entiendo que Internet no puede funcionar con el cartel de «todo gratis» pero también que las empresas utilizan al usuario para alcanzar popularidad y luego nos dejan en la estacada.

Puede parecer que este artículo forma parte de otros tantos que han levantado voces contra Spotify por la decisión que antes he explicado. En mi caso sólo quiero poner a la famosa compañía de distribución de música por Internet como ejemplo de una práctica cada vez más repetida.

Esta técnica consiste en utilizar al cliente como conejillo de indias hasta conseguir un «status» en el mercado para entonces empezar a poner trabas a las condiciones en un principio pactadas (si, condiciones con la eterna coletilla legal de cambiar en cualquier momento). Pienso que no debemos permitir que estas empresas «jueguen» con nosotros dependiendo de sus cuentas de resultados.

Entiendo por otra parte que este escrito tiene un tanto de lucha contra molinos de viento, como ya hiciera el célebre personaje de Miguel de Cervantes, pero es necesario que asumamos el poder que como clientes tenemos. No me gusta nada que el gratis de hoy que soy pequeña y desconocida (la empresa en cuestión), sea el págame de mañana que ya tengo tantos millones de clientes y una holgada popularidad.

Por otro lado, entiendo y no creo que podamos mantener Internet siempre gratis, ni vivir sólo de la publicidad, de hecho esto posiblemente no sea bueno para la calidad de los servicios que se ofrecen, pero a mi entender tampoco es ética (legal sí, pero ética no) esta situación que cada vez más se está utilizando en empresas de diferentes sectores dentro fuera de la red de redes. Aún en tiempo de crisis, los emprendedores debemos ser valientes y poner a cada producto o servicio su valor, su precio y dejarnos de extrañas gratuidades, o habéis visto alguna galería de arte que te regale, sin compromiso de compra, tres obras de Picasso para luego intentar cobrarte la cuarta.

 

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