Málaga, Casa Aranda y mis abuelos

He estado esta tarde tomando un café con churros en Casa Aranda, en la de siempre. Os confieso que no hay una sola vez que vaya a Aranda y no termine con los ojos llenos de lágrimas. Llevo toda una vida, toda mi vida, yendo allí. Y las lágrimas las provocan el recuerdo de mis abuelos esperándonos sentado en una de las mesas en la calle pegados al muro de la cafetería. Es una de tantas imágenes grabadas de mi niñez que desgraciadamente ya son irrepetibles.

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