Tripadvisor, mi opinión y Umberto Eco

Nadie podrá negarme que vivimos una época apasionante en lo que a tecnología se refiere. En pocas décadas la Informática, como la conocemos hoy en día, ha pasado de ser un proyecto de unos pocos valientes a una serie de electrodomésticos (léase dispositivos) que nos acompañan hasta el mismo cuarto de baño. Esta evolución no sería posible sin un conjunto de servicios que nos han cautivando sin vuelta atrás.

A nivel usuario esos servicios comienzan con el correo electrónico allá por 1965. Le siguieron de manera destacada la World Wide Web (www), el Internet Relay Chat (IRC) y, dando un salto cronológico, en 2004 nació Facebook y a partir de ese momento todo giró hacía el aspecto social. Se había vuelto a encontrar otra gallina de los huevos de oro y poco a poco nuestro «cibermundo» se fue llenando con mayor o menor acierto de redes sociales para todo y para todos.

Minion. Opinión. Can you give me 1 like?Os reconozco que últimamente utilizo con especial interés Tripadvisor, por ejemplo antes de visitar un restaurante o alojarme en un hotel, para buscar opiniones de otros viajeros que me ayuden a tomar la decisión correcta. Pero claro, sobre gustos no hay nada escrito y una opinión a veces no deja de ser una apreciación personal que poco o nada puede ayudar a mi decisión. No obstante, la gran cantidad de usuarios de Tripadvisor permiten que la estadística prevalezca sobre la simple opinión. Si mil usuarios han opinado de un establecimiento y el 90% piensan que es normal, muy bueno o excelente muy posiblemente el 10% restante tuvo un mal día, buscó la mala suerte o vete tu a saber…

Hace unas semanas saltaron viralmente a las redes sociales las palabras del escritor y filósofo italiano Umberto Eco que en una entrevista decía:

«Las redes sociales le dan el derecho de hablar a legiones de idiotas que primero hablaban sólo en el bar después de un vaso de vino, sin dañar a la comunidad. Ellos rápidamente eran silenciados, pero ahora tienen el mismo derecho a hablar que un premio Nobel. Es la invasión de los imbéciles».

Todo esto me hace pensar que en ocasiones quedamos en triste evidencia cuando hacemos una opinión en público promovida muy posiblemente por nuestra ignorancia o por nuestro derecho al pataleo que más que dañar al pataleado nos daña a nosotros mismos.

Dicho esto, tenemos que preocuparnos por un lado de no formar parte de la legión de imbéciles que proclama Umberto Eco y por el otro evitar darles visibilidad. Es decir, quedamos tan mal si hacemos una opinión infundada como si propagamos (me gusta, compartir y compañía) la del vecino sin contrastar lo que dice.

Estoy de acuerdo con las palabras de Umberto Eco, igual yo mismo debo sentirme aludido y cerrar este blog. Nuestra democracia nos garantiza disponer de libertad de expresión, que no es poco. Pero intentemos que esta libertad no se convierta en un continuo desatino. Contrasta la información, crea tu propia opinión, se veraz cuando la opinión es tuya y sobre todo ¡no me seas imbécil!

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