Vidas del pasado

El otro día hablando por WhatsApp con mi amiga Reme López la conversación nos llevó al título de esta entrada. Os reconozco que cada vez con más frecuencia me ocurre esto, mis propios amigos me sirven de inspiración para los contenidos de mi blog.

Cuando ya tienes cierta edad empiezas a tener pasado. Con los años nos encontramos en la vida muchas personas con las que nos relacionado. Si hacemos memoria nos salen un montón de nombres con los que compartimos colegio, amistad, trabajo… e incluso vecindad o parroquia. Pero el tiempo, y supongo que también la condición humana, hizo que a la mayor parte de ellos los dejásemos en el camino por causas tan variadas que llenarían párrafos sin fin.

En mi opinión una de las grandes virtudes de las redes sociales es que nos permiten volver a contactar con estas personas perdidas en el pasado, esas vidas del pasado. Mezclamos nostalgia, curiosidad, nuestra naturaleza social y vete tú a saber cuantas cosas más y nos afanamos en buscar a esas personas en Facebook, Twitter o Google. Así proliferan reencuentros de antiguos compañeros de colegio, instituto, universidad… o de antiguos alumnos en el caso de los que hemos dedicado parte de nuestra vida profesional al apasionante mundo de la docencia. En este mismo blog hablaba hace algunas fechas de mi reencuentro con mis compañeros del colegio “El Divino Pastor”, un ejemplo de lo que os cuento.

¿A dónde nos lleva todo esto? Pienso que en muchas ocasiones a creernos que esos años no han pasado. Queremos tratarnos como antes, pero un niño de 14 años y ese mismo niño con 45 años no son la misma persona aunque haya un parecido razonable.

Ese parecido razonable hace que se mantengan muchas de las químicas del pasado (a Reme la conocí en el colegio y es un ejemplo de esto)… pero de ahí a pensar en una amistad cuasi universal de antiguos compañeros de lo que sea, va un camino y muy largo. No puede existir una relación “chispy guay” de 25 personas, que incluso hace años no la tuvieron… más aún, no creo que podamos reunir a 25 personas (sean del ámbito que sean) con química entre ellos. Podemos quedar, pasar un rato agradable, volver a quedar y volver a pasar un rato agradable pero después cada uno se une más a sus afines y se cumple la frase de mi profesor D. Antonio Muñoz, en paz descanse, que con tanto gusto repito: “Al conocido, respeto; al compañero, compresión; al amigo, todo”. ¿Sorpresas? Claro que sí. No te terminabas de llevar bien con el niño y ahora con el adulto si o viceversa… pero todo lo demás pienso que hay que tratárselo.

Se acabó, pero me apetece acabar dedicando este artículo a mis amigos. Ellos saben quienes son. Gracias por ser las excepciones que confirman este artículo.

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